La violencia es una llave
Por qué el dolor y la pasión enseñan cosas que no se pueden racionalizar ¿Hay un tipo de conocimiento sobre uno mismo al que no se llega intelectualizándolo?
Le invité a mi casa a tomar un vino. Era uno de los hombres más guapos con los que había estado, además de inteligente y divertido. Me pareció un hombre honesto. Olía a cloro de piscina. Hablamos de muchas cosas mientras corría el vino tinto de un Magnum que me habían regalado. No recuerdo ni la mitad. Decía que iba al psicólogo desde hacía diez años y que tenía una relación delicada con su padre.
Recuerdo que era tan alto que casi no cabía en mi sofá, y creo que fui yo la que se acercó primero para besarle.
Me gustaba demasiado. Era perfecto. Cuando le llevé a mi cama y empecé a quitarle la ropa, me subí encima de él y le crucé la cara de una bofetada.
No sé qué se apoderó de mí. No fue para hacerle daño ni siquiera para ejercer dominación. Fue pura rabia, la que me producía lo mucho que me gustaba.
Mi mente necesitaba despejar, literalmente de un golpe, que algo o alguien pudiera tener ese poder sobre mí.
Cuando en el pasado algún novio me había golpeado (siempre a petición mía, claro) solía quedarse en algún punto raro entre una torpe exageración o un roce tímido en la mejilla, inmediatamente seguido del ritual obligatorio.
—Dios mío, ¿estás bien? ¿Ha sido muy fuerte? Ha sido muy fuerte, ¿verdad? Lo siento muchísimo blablabla
Esto no fue así. En lugar de pedirle perdón le estaba diciendo que, si su polla no estaba dentro de mí en los próximos cinco segundos, habría consecuencias.
A veces la violencia es una llave que abre una puerta.
En este caso abrió una jaula, esa que nos aprisiona a todos. Durante unas horas nos descoyuntamos, mordimos, golpeamos nuestra carne, dijimos cosas que no deberías decirle a nadie y reconocimos deseos y miedos.
Nos miramos a los ojos. Eso sí que es peligroso.
En La filosofía en el tocador, publicada en 1795, Sade desarrolla un naturalismo consecuente. Si la naturaleza es el único principio rector y en la naturaleza observamos destrucción, violencia y muerte como fenómenos constantes, entonces el mal no puede ser una aberración, sino parte constitutiva del orden natural. ¿Por qué iba a estar permitido que un león arrancase la vida de cuajo a una gacela y no que lo hagamos los humanos?
«La destrucción es una de las leyes de la naturaleza», escribe en ese mismo texto. De ahí extrae que el ser humano, cuando transgrede las normas morales, no está violando ninguna ley fundamental. Lo que hacemos, paradójicamente, es obedecer a la naturaleza misma. Claro que siempre se puede señalar un hiato moral para desaprobar nuestras acciones. El león, si no mata, se muere de hambre. Nuestra violencia, muchas veces es gratuita.
Sin embargo hay días, que me despierto y solo pienso en ella.
Cómo me gustan esos encuentros en los que te comes la boca como si fuera tu última cena. Me obsesioné con las comisuras de sus labios y las recorría con la punta de la lengua una y otra vez. Hacía mucho que no sentía algo así. No sé cuándo nos volvimos unos tibios, cuándo nos empezó a dar miedo la pasión, oler, lamer, hacernos daño para darnos placer. Hemos domesticado el deseo hasta hacerlo educado, como si hubiera que comportarse con modales cuando el cuerpo no nació para ser correcto.
Él me mordía el labio inferior, la parte interna de los brazos, los hombros, el cuello.
—¿Te gusta?- Y yo asentía y temblaba.
Temblaba de placer y de angustia. No quería que me dejara marcas que al día siguiente se pudieran ver, pero deseaba con todas mis fuerzas que apretara más. Que me sacara la pena a dentelladas. El cuerpo entiende cosas que la moral no sabe explicar. A veces el placer aparece justo en el lugar donde tu mente diría que deberías tener miedo.
Pensé en aquel momento, con su mano en mi cuello y la breve claridad que provoca la hipoxia, que ese hombre nunca me iba a querer. Y automáticamente mi cerebro respondió.
—¿Y para qué cojones quieres que te quiera?- La ternura del amor esconde siempre algo de crueldad.
Amar a alguien no es verlo tal y como es, sino mirarlo a través de nuestras propias ganas de que sea algo. Cada declaración de afecto lleva dentro una pequeña exigencia. Sé lo que necesito que seas. Calma mi hambre. Completa lo que a mí me falta.
Debajo de la poesía de la devoción hay casi siempre una necesidad de poseer, de fundirse, de reclamar al otro como propio. Aunque solo sea por un segundo.
Pero esa ilusión se resquebraja, la persona amada se resiste a la imagen que habíamos construido de ella, nuestro corazón se rebela con rabia por haber sido traicionado por su propia fantasía.
Devora aquello que antes adoraba y ya no para cuando nota la sangre en la lengua.
Pocas cosas arruinan tanto a una persona como el recuerdo de un amor que le han negado, porque rompe al mismo tiempo la fe en el mundo y la fe en una misma. Ser rechazada es descubrir lo frágil que es la frontera entre la adoración y el odio.
Heridas que no quería que me hicieran.
Las de esta noche las elijo. Recupero el control perdiéndolo.
Cuando todo hubo acabado, miré desde la cama cómo se levantó, recogió con cuidado la ropa desperdigada y, ya desde el quicio de la puerta, se giró para decirme que no se le daba bien dormir en camas ajenas.
- No te preocupes, no te estaba invitando a quedarte.
Se me quedó la sensación de liberación que sientes cuando le cuentas tus dramas a un taxista de madrugada porque sabes que no le vas a volver a ver. Da igual que te juzgue o lo que piense de ti. No serás mejor ni peor persona.
Quizá lo prohibido no nos atrae porque sea oscuro, sino porque es sincero.
En la violencia nadie finge ser mejor de lo que es.





Me encantó la sinceridad, nunca me ha gustado la violencia aunque admito que a veces fantaseo con ella para exitarme.
no escribo tan bonito como usted pero les comparto en una semana una experiencia similar pero desde una óptica diferente, espero les divierta tanto como yo he disfrutado leyéndola a usted.
https://kafrodisio.substack.com/p/5-guia-practica-para-exorcizar-a?r=8322u1&utm_campaign=post&utm_medium=web&showWelcomeOnShare=true
Precioso precioso precioso precioso precioso